Los muñecos con IA para acompañar a adultos mayores ya son una realidad
Los robots de interacción social con IA para adultos mayores no son algo tan nuevo, pero ahora graban, escuchan y responden a sus necesidades afectivas, aunque sea de forma sintética, gracias a ChatGPT.

El Mobile World Congress (MWC) siempre presenta más de una rareza. La semana pasada, el premio a la locura se lo llevó una empresa coreana llamada Hyodol, que mostró con orgullo un muñeco de compañía con ChatGPT integrado, de aspecto inquietante, pensado para los adultos mayores. Este muñeco con inteligencia artificial (IA) de 1,800 dólares quizá parezca algo que encontrarías en un desván encantado, pero en realidad está diseñado para actuar como un compañero digital interactivo para gente solitaria o en centros de cuidados de larga duración.
Gracias al gran modelo de lenguaje que lleva dentro, el Hyodol supuestamente mantiene conversaciones con sus dueños y les recuerda cuándo deben tomar su medicación o comer. Está totalmente interconectado, como cabe imaginar, con una aplicación complementaria y una plataforma web de monitorización que permite a los cuidadores controlar el dispositivo y supervisar a su usuario desde lejos.
Inteligencia artificial como remedio contra la soledad


Estos compañeros digitales interactivos pretenden ser un bálsamo para la epidemia de la soledad, que ha afectado a todo el mundo, desde los adultos mayores en residencias de ancianos hasta los estudiantes universitarios. Elizabeth Necka, directora de programas del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE UU, opina que este tipo de tecnología tiene sus ventajas, sobre todo cuando se emplea en asilos que ya sufren una escasez generalizada de personal.
“La idea de que exista una solución de bajo costo que atenúe los sentimientos de soledad es muy atractiva”, comenta Necka. “Si ChatGPT puede o no conseguir de verdad esos sentimientos de conexión, me parece un poco prematuro decirlo”.
No cabe duda de que existe una industria para estos dispositivos. El mercado de los robots sociales y de compañía es particularmente activo en países como Japón. Compañías como Lovot y Qoobo, “un cojín con cola que te calienta el corazón”, los han puesto de moda. Estos dispositivos también se han utilizado en países occidentales, pero su aceptación cultural es mucho menor. Pero la tendencia actual de las empresas de incorporar la IA generativa en todo significa que en todas partes probablemente se avecine una avalancha de estos “Chuckies” conversacionales.
“El sector aún está tratando de entender el mercado”, señala Lillian Hung, profesora adjunta y titular de la cátedra de Investigación en Atención a Mayores de la Escuela de Enfermería de la Universidad de la Columbia Británica. “Todavía está en pañales, pero sin duda ha despegado”.

No es que no haya habido otros intentos. A Jibo, un robot social ofrecido como un compañero de departamento que se valía de la IA y de gestos cariñosos para establecer un vínculo con sus dueños, lo retiraron sin contemplaciones apenas unos años después de su lanzamiento. Mientras tanto, otra propuesta de Estados Unidos, Moxie, un robot dotado de IA para apoyar el desarrollo infantil, sigue activa.
Es difícil no contemplar dispositivos como este y estremecerse ante sus posibilidades. Hay algo intrínsecamente inquietante en la tecnología que juega a ser humana, y ese extraño engaño suele molestar a la gente. Al fin y al cabo, nuestra ciencia ficción está repleta de seres de IA, muchos de ellos envueltos en historias relativas a esta tecnología que acaban terriblemente mal. La comparación más sencilla, y ciertamente perezosa, con algo como el Hyodol es M3GAN, la película de 2023 sobre una muñeca de compañía con IA que se convierte en un robot asesino.
Pero más allá de las muñecas antipáticas, los robots sociales tienen muchos formatos. Son asistentes, mascotas, trabajadores en tiendas y, a menudo, bichos raros socialmente ineptos que simplemente revolotean torpemente en público. Pero a veces también son armas, espías y policías. Con justa razón la gente desconfía de estos autómatas, vengan en un paquete esponjoso o no.
Wendy Moyle es profesora de la Escuela de Enfermería y Obstetricia de la Universidad de Griffith, en Australia, y trabaja con pacientes con demencia. Cuenta que su trabajo con robots sociales llega a enfurecer a la gente, que a veces considera que dar muñecos robot a adultos mayores es infantilizarlos.
“Cuando empecé a utilizar robots, recibí muchos comentarios negativos, incluso del personal”, comparte Moyle. “Me presentaba en conferencias y la gente me lanzaba cosas porque les parecía inhumano”.
Sin embargo, la actitud hacia los robots de asistencia se ha vuelto menos hostil últimamente, ya que se han empleado en muchos casos de aplicación positiva. Los compañeros robóticos están llevando alegría a las personas con demencia. Durante la pandemia por covid, los cuidadores recurrieron a dispositivos como Paro, un pequeño robot parecido a una cría de foca de Groenlandia, para ayudar a aliviar la soledad de los adultos mayores. Los muñecos sonrientes de Hyodol, tanto si los ves como algo enfermizo o dulce, pretenden evocar una respuesta amistosa similar.
